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“Cornacchioli, Lidya Esther c/ Trenes de Buenos Aires S.A. (TBA) s/ daños y perjuicios"; CNAC Sala "A"; 15/02/10

Jurisprudencia


“Cornacchioli, Lidya Esther c/ Trenes de Buenos Aires S.A. (TBA) s/ daños y perjuicios”
LIBRE N° 539.836
En la Ciudad de Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a los               15                         días del mes de febrero del año dos mil diez, reunidos en Acuerdo los Señores Jueces de la Sala “A” de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil para conocer en el recurso de apelación interpuesto en los autos caratulados:“Cornacchioli, Lidya Esther c/ Trenes de Buenos Aires S.A. (TBA) s/ daños y perjuicios”, respecto de la sentencia, el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:
                                      ¿ES JUSTA LA SENTENCIA APELADA?                                                   Practicado el sorteo resultó que la votación debía realizarse  en el siguiente orden: Señores Jueces de Cámara Doctores FERNANDO POSSE SAGUIER - HUGO MOLTENI - RICARDO LI ROSI -                                     A las cuestiones propuestas, el Dr. Posse Saguier dijo:
I. La parte actora apeló la sentencia de fs. 314/317 que hizo lugar a la excepción de prescripción opuesta por la demandada y rechazó la demanda, con costas.
La expresión de agravios luce agregada a fs. 355/360 y no fue contestada por la contraria.

II. La juez de grado, para decidir como lo hizo, entendió que el caso encuadra dentro de la órbita de la responsabilidad contractual regida por el art. 184 del Código de Comercio y, por ende, resulta aplicable el plazo de prescripción anual que establece el inc. 1 del art. 855 del mismo cuerpo legal. Así es que desestimó los argumentos defensivos de la accionante, especialmente el relativo a que no resultaría de aplicación la norma invocada por cuanto aún no había traspasado los molinetes de ingreso, ya que según la sentenciante la accionante revestía la condición de pasajera por encontrarse efectivamente en las inmediaciones del ferrocarril dispuesta a tomar el servicio.
La actora aduce que el fallo en crisis contradice la jurisprudencia imperante en la materia e incluso resulta incongruente a la luz de lo expuesto en los considerandos que lo fundan. Insiste en que debe aplicarse el plazo bienal previsto en el art. 4037 del Código Civil en la inteligencia de que al momento de producirse la caída aún no existía contrato de transporte que vinculara a las partes.
III. Ahora bien, adelanto que las quejas de la actora resultan infundadas.
En primer lugar, debo destacar que la Sra. Cornacchioli reconoció expresamente que luego de adquirir el boleto que le habilitaba el ingreso al sector de los andenes su intención era dirigirse a los mismos para abordar el convoy correspondiente. Tal como quedó explicitado en la denuncia que efectuara la víctima ante la Policía Federal Argentina (v. fs. 234/241), el 18 de octubre de 2003 a las 12,13 horas aproximadamente “sacó un boleto de tren en la boletería de la estación Rivadavia del Ramal Tigre, del Ex-FF.CC. Mitre, y posteriormente al girar sobre su pierna y dar el primer paso para retirarse del lugar y ascender al andén de dicha estación para ascender a la formación férrea y dirigirse a la estación Tigre, en forma imprevista trastabilló y cayó con el peso del cuerpo del lado izquierdo...”. Digo esto porque la recurrente plantea en su intento recursivo una serie de hipótesis que nada tienen que ver con esta litis, como el de aquellos usuarios que obtienen abonos mensuales o el de los que adquieren el boleto unas horas antes de efectivizar el viaje. Indudablemente la accionante iba a utilizar el servicio ferroviario que brinda la emplazada y por ese motivo compró el boleto correspondiente y se dirigía a los andenes.

Sentado ello, debo señalar que conforme he adherido en casos similares al presente, el contrato de transporte de personas es aquél por el cual una empresa porteadora asume, frente a una persona denominada pasajero, la obligación de trasladarlo a un lugar determinado previamente, mediante el pago o promesa de pago de un precio en dinero, llamado porte o flete, asumiendo profesionalmente los riesgos inherentes a tales actos (Soler Aleu, Amadeo, “Transporte Terrestre”, p. 125, Buenos Aires, 1980; Sala F, “Paradela, Miguel A. c. Empresa de Transportes Mariano Moreno S.A., del 21/08/97, LL 1998-F, 9; esta Sala, mi voto en causas libres n° 507.049 del 6/11/08, 523.045 del 12/06/09 y 528.957 del 30/06/09, entre otros).
Este contrato tiene por objeto una obra o resultado que promete el porteador quien tiene que ejecutar o realizar una serie de hechos y actos necesarios para que la obra o resultado que prometió se cumpla, se realice y se verifique en el tiempo señalado por la ley o la convención, en condiciones adecuadas, previstas en la reglamentación, y cuyo resultado es trasladar sano y salvo al pasajero al lugar de destino (Soler Aleu, ob. cit., p. 133).
Se ha dicho que para dar comienzo a este vínculo contractual el pasajero debe trasponer los denominados “controles de acceso” de la estación (conf. CNCiv., Sala F, mi voto en causa libre n° 177.003 del 29/10/96), pero en modo alguno cabe limitar este concepto a los “molinetes” como infundadamente pretende la actora sino que se refiere al ámbito de la estación y a las cosas de las que se sirve la empresa ferroviaria y que están a su cuidado en las instalaciones, cuyas características varían según el caso.

Ello es así, pues la empresa de ferrocarriles tiene a su cargo el cumplimiento del contrato de transporte, lo que implica que no sólo debe llevar sano y salvo al pasajero en el tren, sino que debe resguardar, también a esos fines, con eficiencia todas las instalaciones de acceso y salida de los andenes de las estaciones, entre las que indudablemente se cuentan los sectores de boleterías donde la actora tuvo el accidente (conf. CNCiv., Sala F, mi voto en causa libre n° 483.871 del 05/12/07). Es que la responsabilidad del ferrocarril no se limita a los accidentes ocurridos dentro de las formaciones sino que también se extiende a aquéllos que sufran los pasajeros en las estaciones y andenes (conf. CNCiv., Sala F, causa libre n° 422.039 del 25/07/05, y precedentes allí citados).
Y ello se explica porque un servicio de transporte razonable y eficiente no puede quedar circunscripto únicamente al medio de transporte en sí, sino que debe comprender las etapas previas y posteriores vinculadas con el ascenso y descenso de los pasajeros, la mínima comodidad de los andenes de acuerdo al movimiento de personas y el otorgamiento también al usuario de las seguridades indispensables para que pueda desplazarse dentro de su propio recinto sin ninguna clase de peligro para su integridad física (conf. CNCiv., Sala F, libre n° 409.845 del 25/04/05).
En la especie, la caída de la actora se produjo en el trayecto existente entre las boleterías y los “molinetes”. A mi modo de ver, es claro que el vínculo entre la pasajera y la empresa ferroviaria ya se encontraba vigente en ese entonces, pues la presencia de aquélla en las instalaciones de la demandada es indudable y obedecía a su intención de utilizar el ferrocarril, tal como expliqué en los párrafos anteriores.
Cabe añadir que el fallo de esta Sala que cita a fs. 356 vta./357, dictado en las causas libres n° 36.399 y 38.282 del 20/03/89 con primer voto del Dr. Hugo Molteni, en el cual se aplicó el art. 1113 del Código Civil, no resulta análogo ya que en esos obrados el reclamo fue iniciado “iure propio” por los damnificados indirectos a causa del fallecimiento de una persona en un accidente ferroviario, más no fue promovida en vida por la víctima ni se reclamaron los daños sufridos por este último. En la especie, claro está, es el propio pasajero quien entabló demanda, por lo que el vínculo es claramente contractual y en un todo de acuerdo con lo previsto en el art. 184 del Código de Comercio.
De este modo, observo ajustado a derecho lo dispuesto en la instancia de grado, resultando de aplicación el plazo de prescripción anual que prevé el inc. 1 del art. 855 del Código de Comercio.
Así las cosas, se impone la confirmatoria en la medida que no se encuentra controvertido el transcurso del citado plazo de un año desde que ocurrió el hecho de marras hasta el inicio de la mediación.

IV. Lo expuesto deja sin sustento los agravios vertidos por la actora, por lo que propongo al acuerdo confirmar la sentencia apelada en todo cuanto decide y fuera motivo de agravios. Las costas de alzada deberían imponerse en el orden causado por no haber mediado contradictorio (art. 68, segunda parte, del Código Procesal).
Los Dres. Hugo Molteni y Ricardo Li Rosi votaron en el mismo sentido por razones análogas a las expresadas en su voto por el Dr. Fernando Posse Saguier.
Con lo que terminó el acto.
Es copia fiel de su original que obra a fs.                    del Libro de Acuerdos de la Sala “A” de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil.
Buenos Aires, febrero                                                      de 2010
Y VISTOS:
Por lo que resulta del acuerdo que informa el acta que antecede, se confirma la sentencia apelada en todo cuanto decide y fuera motivo de agravios. Las costas de alzada se imponen en el orden causado por no haber mediado contradictorio (art. 68, segunda parte, del Código Procesal).

Atento el modo como se decidiera precedentemente corresponde entender en el recurso de apelación deducido contra la regulación de fs. 317 en favor del perito médico designado de oficio. Ello así, valorando la extensión y calidad de la tarea desarrollada, lo resuelto en forma reiterada por este Tribunal en cuanto a los honorarios de los peritos médicos que carecen de un arancel propio (conf. esta Sala, H.502.567 del 12/3/08,entre muchos otros) y alcance del recurso -bajos- corresponde confirmar los emolumentos fijados en favor del Dr. Dalmiro E. Boto.
Por su labor en la Alzada que diera lugar al presente fallo, fíjanse los honorarios del letrado patrocinante de la parte actora, Dr. Jorge A. Nocciolino, en PESOS MIL QUINIENTOS ($ 1.500) (arts. 1, 6, 7, 14 de la 21.839 y concordantes de la ley 24.432), suma que deberá ser abonada en el plazo de diez días.
Notifíquese y devuélvase.
FERNANDO POSSE SAGUIER
         3
 HUGO MOLTENI
           2
        RICARDO LI ROSI
                                                                                        1

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